La meditación es una práctica que ha llamado la atención de quienes buscan vivir de manera más consciente y equilibrada. Sin embargo, algo que puede generar confusión es la variedad de estilos que existen, especialmente cuando hablamos de meditación activa y meditación pasiva. Desde nuestra experiencia, hemos notado que conocer las diferencias entre ambas no solo aporta claridad, sino que nos ayuda a elegir el tipo de práctica que mejor se ajusta a cada momento de la vida.
¿Qué es la meditación activa?
Cuando pensamos en meditación, probablemente nos imaginamos a alguien sentado en silencio. Sin embargo, la meditación activa desafía esta imagen. En este modo, el movimiento, la acción y la conciencia corporal se convierten en los protagonistas. Nos referimos a aquellas prácticas en las que el cuerpo está en movimiento consciente, y la atención no se centra solo en los pensamientos sino también en las sensaciones físicas y la respiración.
Movimiento y conciencia pueden convivir: eso es meditación activa.
En nuestra experiencia, la meditación activa puede manifestarse a través de distintas formas:
- Caminar lento y con atención plena.
- Bailar conscientemente, sintiendo cada movimiento.
- Realizar tareas cotidianas poniendo el foco en cada acción.
- Ejercicios corporales acompañados de respiración consciente.
Lo más valioso de la meditación activa es integrar la presencia consciente dentro de la acción cotidiana. Así, incluso actividades como limpiar o cocinar pueden convertirse en un momento meditativo si prestamos atención al aquí y al ahora. En nuestra experiencia, en momentos de inquietud física o emociones intensas, utilizar el cuerpo facilita el proceso de centrar la mente.
¿Qué es la meditación pasiva?
Por otro lado, la meditación pasiva suele identificarse con posturas estáticas, como sentarse o acostarse, en un entorno tranquilo y sin estímulos externos. Aquí, el objetivo es cultivar la quietud exterior e interior, con la intención de enfocar la mente en la respiración, en un mantra o en los propios pensamientos sin reaccionar ante ellos.
En la meditación pasiva, el silencio es el espacio donde la conciencia puede profundizar.
Esta técnica incluye métodos tradicionales y modernos, entre los que destacan:
- Meditación sentada, prestando atención a la respiración.
- Visualización guiada, reproducida en un estado de calma.
- Prácticas con mantras o sonidos repetitivos internos.
- Observación de pensamientos sin identificarse con ellos.
La quietud a veces dice más que el movimiento.
Si bien en apariencia es una técnica simple, muchos de nosotros comprobamos que sentarse en silencio puede ser todo un desafío. Sin embargo, es precisamente en esa quietud donde surgen los mayores aprendizajes sobre la mente y las emociones.
Principales diferencias entre meditación activa y pasiva
A menudo, nos preguntan cuál es la diferencia exacta entre ambas prácticas. A continuación, presentamos las distinciones más relevantes:
- Movimiento: La meditación activa incluye acción física consciente, mientras que la pasiva busca la quietud corporal.
- Enfoque: En la meditación activa, la atención se dirige tanto al cuerpo como a la mente; en la pasiva, el foco es esencialmente mental y respiratorio.
- Objetivo principal: La activa ayuda a canalizar la energía y las emociones a través del movimiento; la pasiva promueve la observación profunda y el silencio interno.
- Situaciones recomendadas: Activa para momentos de inquietud o exceso de energía; pasiva para estados de calma o para quienes desean cultivar paciencia y atención interna.

Entender estas diferencias nos permite elegir la técnica adecuada según nuestro estado interno y las circunstancias externas.
¿Cuándo usar meditación activa y cuándo optar por la pasiva?
Elegir entre meditación activa y pasiva puede parecer un reto, pero en nuestra experiencia, la decisión depende de dos factores fundamentales: nuestro estado físico y emocional, y el entorno en el que estamos.
Caso de la meditación activa
Recomendamos la meditación activa en situaciones como:
- Exceso de energía o inquietud física: Por ejemplo, tras una jornada estresante, cuando sentarse en silencio resulta difícil.
- Necesidad de canalizar emociones intensas: El movimiento ayuda a liberar tensión y facilitar la calma.
- Entornos con ruido o distracciones: La acción permite mantener la presencia a pesar de los estímulos externos.
Caso de la meditación pasiva
Por otro lado, la meditación pasiva resulta más adecuada en estos contextos:
- Momentos de tranquilidad o soledad: Cuando disponemos de un espacio y tiempo reservados para nosotros mismos.
- Deseo de profundizar en la mente: La quietud facilita la introspección y la observación consciente.
- Entrenamiento de la paciencia y la atención: Mantenerse inmóvil es una forma de fortalecer la concentración y la resiliencia.

Beneficios y desafíos de cada tipo de meditación
Beneficios de la meditación activa
- Canalización de la energía y reducción del estrés físico.
- Incremento de la vitalidad y la conexión mente-cuerpo.
- Integración de la conciencia en acciones cotidianas.
Beneficios de la meditación pasiva
- Profundización de la atención y la observación interna.
- Entrenamiento del silencio mental y la paciencia.
- Facilita estados de calma y equilibrio emocional.
Desafíos y cómo enfrentarlos
- En la meditación activa: El reto mayor es no perder la conciencia durante el movimiento. Sugerimos comenzar con movimientos lentos y realizar pausas para reconectar con la respiración.
- En la meditación pasiva: Surgen pensamientos y molestias físicas. Aquí, empatizamos con quienes inician en este camino, y recomendamos no juzgarse ni abandonar ante las primeras incomodidades.
Cada práctica tiene su luz y su desafío.
Conclusión
En nuestra perspectiva, no hay un solo camino válido para la meditación. La clave está en reconocer que la meditación activa y la pasiva son recursos distintos, con objetivos y aplicaciones propias. Nos parece valioso recordar que ninguna es superior a la otra; la mejor opción es la que mejor responde a las necesidades del momento. Alternar o combinar ambas puede enriquecer la experiencia, dotando a la vida de más claridad, presencia y bienestar.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la meditación activa?
La meditación activa consiste en prácticas conscientes donde el movimiento corporal es parte de la experiencia meditativa. No requiere estar sentado o quieto; caminar, bailar o realizar tareas cotidianas con presencia plena son ejemplos de meditación activa, en las que el enfoque está en la sinergia entre cuerpo, respiración y mente.
¿Qué es la meditación pasiva?
La meditación pasiva es una técnica que se realiza en quietud, donde el cuerpo permanece en reposo y la atención se centra en la respiración, un mantra o la observación interna. Busca crear un espacio de calma profunda y silencio, permitiendo la introspección y la observación consciente de pensamientos o sensaciones.
¿Cuándo usar meditación activa o pasiva?
Recomendamos la meditación activa en momentos de alto estrés, exceso de energía o cuando el entorno no permite tranquilidad. La meditación pasiva es más idónea cuando hay calma, quietud y una disposición a observar el mundo interno sin distracciones.
¿La meditación activa es mejor que la pasiva?
No creemos que una sea mejor que la otra. Ambas aportan beneficios únicos y pueden complementarse según la necesidad personal, el contexto y las metas del practicante.
¿Puedo combinar meditación activa y pasiva?
Sí, es común combinar ambos tipos de meditación. Empezar con una fase activa para liberar tensión y continuar con una fase pasiva ayuda a profundizar en la experiencia y facilita alcanzar estados de calma y claridad mental.
